miércoles, 4 de marzo de 2009

Pastura amazónica

La hierba arrancada se atiborra en mi boca:
son sueños rumiantes que mastico en la oscuridad.

La tierra aún sabe a tus pies, mi pelvis a tus muslos.
Domaste a la bestia que soy
y exacerbaste mi sexo indómito.

Sin silla de montar,
cabalgamos:
tus manos en mis ancas
se clavaron como espuelas
y al galope de tu voz, las crines relincharon:
ansia de que el viento dispersara nuestra lluvia
y nuestros dientes sisearan desenfrenados.

Sólo un sí apaciguó el trote.

Con el oleaje de la rienda arribamos al pastizal:
mis brazos en tu espalda son el primer bocado.
Lo trago y bebo de tu ensoñación: perdurable abrevadero.

A pastar nuevamente.