viernes, 27 de marzo de 2009

Catarsis

Cierro los ojos. Debo hacerlo: quiero creer que quieres estar conmigo. Si los abro volverás a decirme que no y, entristecidos, dejarán de soñar. Tu mirada —aquella de agosto— me ilusiona, pero tu sonrisa se desdibuja si intento acercarme a ti. Ese gesto me disuade: es inútil conquistarte; la seducción siempre será una destreza indescifrable para mí. Debo rendirme: no sé qué veas en mi apariencia; es un misterio y una posibilidad, y pronto se desvanecerá: antes que tus labios contesten que también me amas, llegará el día en que tu voz sea la daga y el punto final de esta frágil historia. Ese día podría ser hoy. Mi felicidad se tambalea: ¿por qué me haces sentir tan vivo y miserable a la vez? Dolor. Alegría (ojalá mi corazón fuera un dulce y comieras de mi amaranto y mi miel; me desengaño: es una oblea por la que nadie suspira). La derrota me sabe a amargo chocolate. Estoy enamorado. Con los ojos tristes. Alicaído. Cabizbajo. Cuando te conocí, el Destino me hizo un guiño: todos los fracasos habían valido la pena para llegar hasta a ti, hasta esa solitaria fuente. Tu nombre era la verdad que buscaba. Sorpresa, sí, que tu lengua se asomara como un anzuelo. Luego tus mordidas me cautivaron: soy la presa fascinada, el prisionero que aspira a ser el dueño de tu corazón; una utopía más que agoniza: aprieto los ojos: no quisiera que se enfriara el nocturno embeleso que me asoleaba... pero el sueño se rompe al saber que tú no me necesitas. Fue una trampa del Destino: nada puedo hacer si no me amas. Hoy sólo quiero llorar.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

qué triste. qué palido y qué triste te ves en este texto

sauska dijo...

me gusta, porque tocas las fibras de la depresión, de la tristeza, que extrañamente, cuando la sentimos la vida está presente

2c@si1 dijo...

antes él se sentía así, hoy soy quien necesita de él.

Hoy me siento igual que tu...