lunes, 26 de septiembre de 2011

Otra metáfora de la soledad después de un rito caníbal (otro de tantos)...

Maldigo mi buena voluntad y mis malditos afanes de buena persona, no puedo explotar en maldiciones rencorosas y en plegarias que digan, que recen estas palabras ¡vayan todo mundo a chingar a su madre y a sus pendejadas que las vieron nacer!, odio en extremo mi maldito coraje segregado y doblegado por un miedo huidizo, maldigo a la triste y miserable estadía en este mundo, no puedo calmarme porque no puedo expresarme, no puedo dar ese golpe iracundo y finiquitar con esta catarsis, ¿no podré dejar de auto-compadecerme?
La más cruenta de mis iras, la más desdeñable de mis pasiones, lastimosa y negada; la más miserable de mis facetas, la odio con todo lo que queda de mi exterior, porque el sentimentalismo amanerado y cadenciosos que quería un fructífero mañana lleno de amores regordetes y regocijantes sólo es un puño de cenizas de pipa, un cáliz con sangre evaporada, una catedral ultrajada y abandonada, ahora sólo da paso a una cueva sombría y sepulcral, una fosa común con todos mis sueños, mis sinceridades, mis anhelos, mis humildades… todas esas cosas quedan enclaustradas en medio de un cascajo purulento y vergonzoso.
Las últimas lágrimas... no sé cuándo fueron desalojadas pero no me pidieron permiso y ahora que las necesito para inundar el vacío que me deja siempre la decepción sólo dejan más seco y sediento el lastimero remedo de núcleo platónico de sentimentalismos, de seguro habrán sido esas cuando me bañé aquella ves recordándote... enalteciendo tu ausencia, exclamando embebidamente a los muros que aparecieses al llamado de mi idealizaciones dolidas, pero sólo el constante goteo de la regadera me dio respuesta y mis lágrimas brotaron... ese llanto tan genial porque a pesar de su naturaleza hidrosoluble se negaron a dejar su autonomía dejando un recorrido más calido que el agua de la regadera misma, recordando al cuadrado tu falta.
Y ahora, a unos minutos de dejar de pasar por apercibida en el amor que hubo en mí y pasar de este recibidor a los cuartos lúgubres y rencorosos del recuerdo, ese recuerdo que mientras más trato de dejarlo al margen más duro socava sobre mi flácida piel sensible, más duro y ardiente segrega el dolor en mí, y no existe calma alguna para este ardor penetrante que deja un eco de vacío, vacío que se convirtió, que mutó en algo insaciable, en algo aberrante.
Ahora sólo me queda terminar con mis labores y tratar de no empeorar mi postura para que la miseria no tenga albergue en todo mi ser...

1 comentario:

Lord piltrafa truculenta que emana tufacina. dijo...

El título completo es "Otra metáfora de la soledad después de un rito caníbal (otro de tantos) ó La explicación y remordimiento al mismo tiempo de lo que sucede después de poner todas las fichas del sentimiento sobre una jugada dudosa pero enceguecidamente atrayente".