jueves 8 de marzo de 2012

Desvelo

Porque no puedo mirarte en la profundidad del orbe nocturno, me oculto entre agujas de luz de un mundo en vigilia.
No importa que el sol se chupe los colores de mis insomnes quimeras y me desdoble tantas veces pueda.
Te has extirpado de mis delirios más obscuros y te has llevado el consuelo.
Entre la vigilia y el espectro de tu onírico rostro, me encuentro enceguecido por la árida luz y la nostalgia, perdido en un país sin sueño.

miércoles 7 de marzo de 2012

Tonterías (ya no hay números)

• Hoy te he reconocido, te he observado hermosa, y como un día a otro, nunca te has desprendido
¿y el corazón que quedaste en regresarme?
Tus ojos brujos me han chupado la vida. Me la paso recogiendo los fragmentos en el sendero, y me desplazo ingrávido por la telaraña que teje los signos rogando por mi rojo universo.

• …sabía a dolores gozosos, angustia de lo no encontrado y ojos bien observados, pero fue el sonido de miel cual semilla germinada en la colmena de mis oídos lo que no me dejó retirar los labios de mi alma de la tuya.

• ¿Cómo descansar en la vida cuando ya se está muerto en ella?


Con los años, de tanto pervertir signos, me he formado un pueblo fantasma, y en la ocurrencia de dejarme tirado para vagar por todas mi callejas, transparente, soy blanca sombra ensuciada.

lunes 27 de febrero de 2012

Cosas

Por intentar ser lo que desearon en mí, otrora fue el que tuve que haber sido. Ahora soy todo ello que por falta de avidez nunca fui.







Vida: dueles en la orilla de mi existencia: como apéndice de mi universo que necesita extirparse quirúrgicamente, lastimas tan solo por saberte presente.

lunes 23 de enero de 2012

Verdaderamente

Hoy, verdaderamente no puedo sostener la vida, la densidad de la materia que no existe, los límites maleables, las normas quebradizas. Y yo tan ecuacionalmente ilógico, que mi corazón ha llorado de impotencia.
No puedo sostener la ambición de mantener avispada la cabeza, ni la hermosura de la geometría en las formas elípticas, el amor que duele de más y no da comida, sólo extenúa, el falo que tiene sueño y no se levanta porque no quiere, las palabras que devastan la estructura, distraen, no enuncian nada.
Verdaderamente hoy no puedo cargar: tengo una hernia en la base de la espalda que erectaba mi universo, y la falacia de la existencia que se acurruca tras las sombras que mezquinamente engañan a los ojos miopes... Donde mis más tranquilizadores sueños duermen, por la cercanía: inevitablemente despertarán a mis pesadillas.

sábado 24 de diciembre de 2011

Y desde las ruinas de este cuerpo....
         
                                                        te espero


lunes 31 de octubre de 2011

otredad

me detengo en el espacio e intento explicar esta piel que parece ser mía...

el dolor de cada poro teje todo este cuerpo ausente...

deseo mirarme con los ojos cerrados...

saberme... yo

martes 25 de octubre de 2011

Amor traboche

Estos días, por tenerte tanto, la psiqué se ha olvidado de mí: al despegar mi vista de la tuya me he encontrado en el desierto de un corazón enajenado. Ya no sé si ame amar (o si tenga la capacidad). He perdido toda referencia desde que tu universo me engulló. Mis pensamientos sólo saben flotar hacia ti: ya no sé qué decir sin usar el “nosotros”. Vivo plenamente esclavo de las letras sonoras que emanas de tus enmielados labios.
Estos días que ya no siento un cuerpo y tus palabras me estructuran algo semejante a una existencia prestada, me duele verme conexo, perpetuamente escindido, difuminado en la orgía de "nuestras" ideas. Yo: Soy (tú-yo).

martes 4 de octubre de 2011

En tus ojos

Todas las noches plateadas del mundo
a distancia tiritan a mi insomne corazón:
órgano polucionado.
En espera.
Y el sueño que llegaría contigo no se asoma.
Noctámbulo desasosiego.
En tus ojos, todos los fantasmas de mi oscurantismo.
La burla
y la ilusión de tenerte a la vista.
Frustración de este aparato psíquico que sólo se enamora de espejismos.
En tus ojos
                  se falsea
                                lo que aparentemente son
                                                                         mis dominios.

lunes 26 de septiembre de 2011

Otra metáfora de la soledad después de un rito caníbal (otro de tantos)...

Maldigo mi buena voluntad y mis malditos afanes de buena persona, no puedo explotar en maldiciones rencorosas y en plegarias que digan, que recen estas palabras ¡vayan todo mundo a chingar a su madre y a sus pendejadas que las vieron nacer!, odio en extremo mi maldito coraje segregado y doblegado por un miedo huidizo, maldigo a la triste y miserable estadía en este mundo, no puedo calmarme porque no puedo expresarme, no puedo dar ese golpe iracundo y finiquitar con esta catarsis, ¿no podré dejar de auto-compadecerme?
La más cruenta de mis iras, la más desdeñable de mis pasiones, lastimosa y negada; la más miserable de mis facetas, la odio con todo lo que queda de mi exterior, porque el sentimentalismo amanerado y cadenciosos que quería un fructífero mañana lleno de amores regordetes y regocijantes sólo es un puño de cenizas de pipa, un cáliz con sangre evaporada, una catedral ultrajada y abandonada, ahora sólo da paso a una cueva sombría y sepulcral, una fosa común con todos mis sueños, mis sinceridades, mis anhelos, mis humildades… todas esas cosas quedan enclaustradas en medio de un cascajo purulento y vergonzoso.
Las últimas lágrimas... no sé cuándo fueron desalojadas pero no me pidieron permiso y ahora que las necesito para inundar el vacío que me deja siempre la decepción sólo dejan más seco y sediento el lastimero remedo de núcleo platónico de sentimentalismos, de seguro habrán sido esas cuando me bañé aquella ves recordándote... enalteciendo tu ausencia, exclamando embebidamente a los muros que aparecieses al llamado de mi idealizaciones dolidas, pero sólo el constante goteo de la regadera me dio respuesta y mis lágrimas brotaron... ese llanto tan genial porque a pesar de su naturaleza hidrosoluble se negaron a dejar su autonomía dejando un recorrido más calido que el agua de la regadera misma, recordando al cuadrado tu falta.
Y ahora, a unos minutos de dejar de pasar por apercibida en el amor que hubo en mí y pasar de este recibidor a los cuartos lúgubres y rencorosos del recuerdo, ese recuerdo que mientras más trato de dejarlo al margen más duro socava sobre mi flácida piel sensible, más duro y ardiente segrega el dolor en mí, y no existe calma alguna para este ardor penetrante que deja un eco de vacío, vacío que se convirtió, que mutó en algo insaciable, en algo aberrante.
Ahora sólo me queda terminar con mis labores y tratar de no empeorar mi postura para que la miseria no tenga albergue en todo mi ser...

viernes 9 de septiembre de 2011

Metztli

Luna: ¿quiénes hemos sido estos años? ¿y si regreso “todo” a sus dueños que fueren, esta mórbida genética, esta lengua mal pronunciada, el antiguo reino del cual fui tirano, todos estos apéndices de mi existencia? tengo tanto tiempo engullido en sus universos que necesito ideas vírgenes satelizando la abertura donde debería estar mi naturaleza; no hay raíces en la historia que me nutran en mi celda, no hay rastro mío que se mencione en algún dialecto antiguo, ¡heme aquí! perdido en la perversa capital del gran Indiferente, respirando labilidad por cada cloaca, por cada gota de lluvia cáustica que empapan al enajenado, el auxilio se me atora (como vellos púbicos) anidando en mi garganta.
Luna, te necesito orbitando en rededor a mi cadáver que no me veo, me encuentro tan falto de vida que de seguro todos aquellos que me vieron en este tiempo ni siquiera lo recuerdan, por eso leo poesía, para saber si una fémina tiene buenas nalgas o alma limpia (Bukowski me asegura que tanto gime o que tanto rasguña, Asbaje asegura que tan fuerte puede golpear y Rilke me advertiría cuánto dolería amarla). Ya pervertida mi estancia, la “muerte reducida” me gobernó por completo, trabajé donde los atributos de Tonatzin me estaban prohibidos, desprendiéndome el placer, huyendo de mí. Fui títere tirado por las uñas de las circunstancias, sometido a lo que otros llamaron “bien común”, dolido de las retoricas que profesan una moral ciega. Me han dado el golpe de gracia, se me ha marchitado la estadía, por trabajar bajo el sol doble jornada y comprarles las risas a desleales compañeras, por consumir sus vaginas.
Te necesito, Luna, plateando mi noctámbulo mar, resoplando sobre mi marea, mi corazón anhela las arrítmicas tormentas de tu temperamento, pues eres la irresistible atracción del temido y lo horrible, yo necesito un rayo que reviva mi locura. Señor Yabro: ya nos llegó el momento de encontrarnos, los caminos comenzaron a cobrarme tributo, la libertad está enojada y nos ha negado verle. Llevamos una gran travesía vagabunda de bohemios, de gente sin tiempo, familia ni patria, no por lo que somos, sino por lo signos que garabateamos, los disfraces que vestimos, he llegado tan tarde a “todo” que he perdido de vista la orilla del mundo y todo lo que no era mío y aun así tomé prestado. Lo he destruido con los ojos llenos de sangre.

jueves 1 de septiembre de 2011

De los Rombos de Alambre

Y, si liberado ya
¿se desea construir un nuevo laberinto?
Subterráneo, inútil, furioso.
Sin cables que lo detengan a la tierra;
cayendo eternamente.

Quizá sólo sea una ilusión,
un complicado discurso.
Largo, hablado por símbolos. Obscuro. Monótono.
Repitiéndose con las mismas eternas cosas.

Sin ser escuchado o comprendido.
Repitiéndose porque todas las voces son mudas.
Porque sólo es visto como casa de alegría o de llanto.
Porque nadie escucha la vital pregunta a la que debe responder...

Miedo, miedo, ¡miedo!
¿Quién creará la esperanza?

domingo 21 de agosto de 2011

Lápida

…falta saber quién soy y el resto de mis días se mutila dramáticamente. ¿Con qué nombre me van a despedir? No sé si la muerte ayude a saberlo, la muerte no es de incumbencia para la vida, faltaría esperar una mirada suya que me estructure hasta ceder, y esperar que los sonidos se pronuncien sobre mi piel, o se adhieran al viento. Aún faltaría saber quién soy: si yo (lo único cercano a mí) no me conozco; ¿quién podrá saber?
Señor Yabro, Señor Verde, ustedes que de alguna manera aseguraron escuchar el ruido sordo y cauteloso de mis pisadas, y que en estos momentos mi sordera los desconoce: ¿bajo qué ominoso rostro o con qué nombre me van a despedir?

sábado 13 de agosto de 2011

Los rombos de alambre

Entre la niebla de la madrugada los rombos de alambre marcan un solo camino. Son las cuatro de la mañana, la niebla huele a bosque. Los centinelas sobre la torre esquinada lanzan miradas aburridas. Apenas hay compañía: adormilados entre mantas de lana se asoman cabellos revueltos de quienes negocian los lugares vacíos frente a mí.



Amanece; seis de la mañana. El estruendo de esta nueva realidad me avasalla. La fila, de ser niebla, ahora es cuerpo denso de los humanos perfilándose; crece, crece...



Nueve de la mañana, la fila es nudosa donde quienes pagan por un lugar esperan a que el tiempo avance más rápido. Los rombos de alambre son frontera donde cuelgan bolsas de pan. Son asidero de manos tiernas, de manos viejas, de manos blancas o morenas que esperan más adelante...



Diez de la mañana, los nudos van cediendo, mi avance es lento. Poco a poco entro en la estrecha caja de rombos de alambre; ahora ya conozco historias que crecen con el dolor del encierro. Siete horas para meditar sobre si acepto continuar...



Once de la mañana. Cruzo el umbral, una voz me pide el carnet, lo muestro. Todo en orden; voy cargando la bolsa de costal con cierre. En ella hay restos de un mundo libre. Todos venimos a visitar a un preso, vengo y miro qué sucede dentro de mí cuando, después de pedir que lo traigan, él llega atravezando su laberinto hecho con rombos de metal.

viernes 22 de julio de 2011

Tonterías VII (Equivocaciones)

Aguardo el sueño que esta vez, espero, no perderé
Con las mismas sombras y transparencias
imagino...
Entre mis labios, saboreo el momento del reconocimiento
palpo con las manos ciegas, insensibles por el frío
el terciopelo en la piel de mi universo
(ese universo que ya no me conoce y que constantemente se desangra)
Cayendo a pedazos va desapareciendo el cosmos y la existencia
Las paredes y la respiración se hacen angostas
la psiqué se fuga ansiosa por la ranura de la puerta cerrada
Ya nos distingo entre estar adentro o afuera
Aguardo el idilio, todas las noches, en el mismo extenso silencio
y la constante de un inmemoriado sueño.
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Debo partirme en dos, tres, o tantas veces deba. Han encontrado morada en todas mis personas. Ahora: todas las esquirlas que quedaron de mi más grande explosión se han resguardado en todos los rincones de mi pensamiento. Y ellas dicen que me encuentro fuera de tiempo, impostor de este espacio, fuera de todas las verdades del mundo; y la idiotez de mi corazón en enviarle besos, después, vienen los huecos ingrávidos que sobran por la hambruna de las bestias. Ellas entran y salen todo el tiempo libres de mi libertad. ¿Fui yo, o fue otro quien desapareció? Nunca tuve el control, nunca fui alguien sensato. Me he perdido en la multiplicidad de pensamientos, elecciones, en la variabilidad de caminos recorridos. He sido tan pocos y ellas han tomado tanto: no debí mirarme en sus ojos fuera de lo que soy.
Me he extraviado por tantas veces ser lo que soy, sin saber quién soy.

jueves 7 de julio de 2011

Jamás todas las cartas

Jamás todas las cartas

Señor o marca. Peldaño o precipicio.

Caja de Luz. O caja sin oxígeno.

Huerto de aves asesinas. Fruta.

Origen de las hordas. En fin, Querida.

El velo de animales: microscópico.

Las sospechas de vos: eres la calle.

Hija sórdida: nacida: París, Texas.

Nevada en la Pequeña Italia. Hociquito de Navarro.

Siempre me pareciste la necesidad de lo pequeñamente insalubre

para quien nada en la mano que ofrece,

tiene.

Y te encriptaste, vos. Y eres la lista.

Y me duermen tus espuelas, vos.

Y casi logro el llanto. Casi.

-Comió la reina su prolegómeno. Ahora, eructa.

Jamás todas las cartas imperativas.

Ruégame que me vaya.

Suéltame de tus piernas.

Dame la cal cautiva, las fosas,

Los campos de mala lid.

Oblígame a salir de tus establos.

No seré más la manada idiota.

Las manos que salen de las tumbas postulan el pasado:

Ya me viste correr sobre tus zetas vidriosas. Mordí las runas

Me has herido de cuchara grave.

Jamás todas las cartas locativas

Aquí la cara. Aquí el hueco de la cara.

Aquí la orquesta.

Acá la madera venenosa.

Aquí la gruta. Acá la puerta de la gruta.

Aquí los bactericidas tópicos.

Acá los cuentos.

Acá las bayas. Acá las tablas venéreas.

Aquí, el odio.

Aquí el desayuno de los lobos.

Aquí las manchas.

lunes 27 de junio de 2011

El otro jueves

¿Sí? -preguntó, como quien contesta el teléfono y oye a cambio una voz desconocida y entrecortada.
En su mente, la interferencia era rítmica, pero en su oído la negativa rezumbaba. Sentía que era el retorno de la derrota, la amargura que no extrañaba, el beso sin labios, la saliva en la garganta, el sexo disfrutado por otro, el desaire. No era una súplica. Su mirada no podría verse así, no cuando era él quien estaba atado y los nudos tuvieran un nombre: Silvia.
¿Sí? -volvió a preguntar, ahora con la aguja del tacón entre sus piernas. Cómo responder, si con el llanto apenas podía hablar. La tormenta se acercaba: voz de trueno era la de ella, la que lo arañaba. Dientes que son uñas y una garra su lengua de fuego. El #silencio, siseado por Silvia.
¿Sí? -preguntaba con el aguijón en la cola, contoneándose. Reía. Parecía que sus colmillos se afilaban sin fin. Lo saboreaba: el inútil rodeo del zarpazo cuando escriba en su pecho: ¡Sí!
Exiguo, el sí se leía escurridizo, garabateado. Silvia quería más. ¿Sí? -escupió, y las lágrimas secas reverdecieron. ¿Sí? -y él en la silla, abandonado, ya no tuvo habla para decir: Sí, Silvia. La confesión del infiel terminó antes, degollado.

lunes 20 de junio de 2011

Jabalí

El tiempo es un ombligo y los recuerdos el cordón con que le damos cuerda. Eso pensó su hermana. Hace poco. Vio sus ojos: dos lápidas y no una. Se sintió descalza. La arena movediza asfixiaba su pecho. No podía caminar. No hablaba: su corazón era un árbol enraizado en el cementerio. En su corteza las letras, tasajeadas, balbuceaban una historia, un ruido secreto: como el de un sello. Una moneda. Un pordiosero. ¿Qué significaba esa D? Su hermana la petrificaba con un tatuaje de hierro: el olvido. Zapping mental. No podría adentrarse más allá de vaciar esas dos maletas que no le pertenecían. La suya, sobre todo. La llave del destino. La vibración al correr el cierre. Zíper. Sí. El taladro enjaulado. Un giro. Un gato. Un cerrajero. El rastro le era ajeno, lejano; su rostro, un callado tintín. Sus palabras en el pentagrama con el rasgo del efecto Doppler. La sombra de su hermana y el peso de su existencia: soñarla confirmaba su propia muerte. Débora abejoneaba. Débora no era su hermana. Por dentro, era un jabalí.

Un sueño

Había que estar todos los días antes de la una de la tarde para que los fantasmas no se llevaran a los dos niños a la muerte. Y ahí estaba: su sola presencia era suficiente para espantarlos. Protegerlos o abandonarlos era tan frágil como llegar tarde a una cita. Apagó su cigarro y se acercó a ellos; debían estar juntos al momento que los fantasmas arribaran. Separarse era la muerte. Los niños no sabían qué significaba ese ritual, el mismo todos los días a la una de la tarde; pero el miedo no provenía de esa costumbre ajena, sino del pequeño temor por aquellos que descendían elegantes de una carroza. Era eso y el temblor propio de un niño, al sospechar que los demás podrían oír sus pensamientos. Leían, para que fuera ruidosa la escucha. Un sueño, era su lectura. A la una y un minuto los fantasmas tuvieron que irse como la marea que se desvanece. El final aún no estaría escrito.

jueves 16 de junio de 2011

cautela

Sigilosa invado tu espacio… esparzo mi alma por tu espalda,

me adentro a tus días… a tu silencio

y de tu sexo, florecen las palabras,

canto de vida sobre mis poros dilatados....

mas todo es sigilo de mi sueño y de tu muda ausencia

viernes 10 de junio de 2011

Monótono café

Hoy nada pasa, nada sobre qué escribir, la cotidianidad disfraza las calles frente a mí, frente al café, nada que sea diferente. El micro-sardina salpica de ruido la avenida con sus achaques de edad y de entre las ventanillas un rostro opaca los demás: una beldad se desvanece en el mar de cuerpos, en la desesperación por refugiarse en su hogar. Veo a los niños de la secundaria que diariamente espantan la calma efímera: una intenta ahorcar a su compañero mientras él acerca el rostro para alcanzar sus labios y virginidad. Se van luchando violentando al amor, los otros tres comparten un venerado cigarro aprendiendo a fumar, enverdecen al expulsar su inocencia por cada tos impulsiva que dan, otras juegan alzándose la blusa y falda, les gusta verse semidesnudas en los ojos de otros, y pienso yo: ¿por qué no fui puberto en esta época? Defecando en el parque un perro bien vestido huye de la obligación de recoger su caca, forzado por su ama a base de tirones de correa; el animal es ella y el humano él. En una mesa en el restaurante vecino, una dama con gran escote presume sus voluminosos pechos con facciones de enfado, trata de pasar inadvertida, constantemente muda de lugar sólo para picarle los ojos a otro sediento.
No hay nada para contar el día de hoy, nada; tal vez aquel tipo que vestido de negro, pelo medio largo y barba desaliñada, y con aires de español, impaciente, desenrolla sus audífonos, desata el nudo que vincula su tranquilidad, justo al retirarse, escapa con fuerte volumen de sus tapones: un fragmento de una canción conocida, y pienso yo: este quiere quedarse sordo del mundo.

jueves 9 de junio de 2011

Tonterías VI (sobre vendettas y sicarios)

Me iré, señor Yabro
tanto tiempo hemos esperado
¿Cuántas veces han caído las hojas ya muertas en nuestro frío bosque?

Y la cordura nunca llegó.

Me iré
espero no me reconozca cuando nos volvamos a ver
me iré bajo la luz de la luna acicalando mi espalda.
Nada de usted quedará
ni la composta ni el follaje.
Lo asesinaré y moriremos desde mi cabeza
y volveré ajeno con un alma otoñal café.

Y sin razones:
ya no hay más madrugadas
no es por miseria, desesperación o muerte
solamente se han caído Citlalis desde la insondable negrura.
Se acabaron
pero al final, el placer,
se queda con nosotros
(aún después de muertos)

Pediré al destino un despertar violentamente muerto.
Pediré un sinsabor adiós y un día con mucha tormenta
poco a poco tiraré pedazos de espacio al universo,
regalando la existencia.
Y queda, después de todo, escoria ignota
con horizontes angostos.

Se ha quebrado una caja multisabores
las ideas escapan pavorosas entre las esquirlas
es un prematuro adiós;
incontrolable realidad:
no hay demasiada vida.
Sin embargo, un día
seré libre; ya no habrá paredes
(es demasiado pronto, para banquetes)

Mañana, o un día después, cuando todo acabe, será una despedida lenta, usaré el tiempo restante, me endrogaré. Pediré al destino que me hagan violentamente despertar, muerto, espectro de ti: escoria sin dios.
Mañana, siempre será un día con mucha tormenta, y el mal gusto adormecerá las retiradas inciertas: encuentros caníbales entre la sed aridecida de los perpetuos caminos, y el dolor incesante por el desprendimiento de la vida en los eternos adioses.

jueves 2 de junio de 2011

Poema vespertino

Las palabras se disuelvenen en agua caliente
espero... minutos enteros

y entonces... te disfruto en el alma cual rebanada de pan

Silencio de noche eterna donde el placer de tu lengua pasea en mi humedad perdida:
música sumergida en la inusitada piel que me nombra

martes 24 de mayo de 2011

Esperas

Bajo el voltaico de argón sigues esperando.
Escucho los
colores de tu voz
y un sobresalto de avispas
se
desborda por mi
c
u
e
r
p
o
Sirio pasa con las luces apagadas y lo miras indolente, mientras Caliope, en otra esquina, enmudece ante la presencia de Aldebarán...

domingo 27 de marzo de 2011

Comienzos


Las palabras fluyen en contingente hacia el olvido
/construyen un cerco al silencio

torturan los días no dichos y
se azotan en mi ventana
ruegan ser parte del espacio
mas no hay lugar que dé cobijo a sus murmullos

Que se queden sobre la calle…
ya saldré a su encuentro y
entonces...
comenzará el mundo

Polípticos a distancia

aquí se despliega la mirada,
el instante del color que se mantiene eterno
en el fugaz momento de un click de dos cámaras...

retablo de imágenes saltando a cada paso

calles, sonidos, edificios fluyendo a nuestros pies... ciudades innombrables

Sauska y Miguel Maldonado

martes 15 de marzo de 2011

Las diecisiete sílabas

Ánimas solas
tañido de campanas
cimbel errante.

En la ausencia
la inmensidad es cofre
que todo esconde.

Al gorrión besa
la liviana escarcha
en el nido. Luto.

En la calina
luces, voces evanescen
memorias ausentes.

Oteando lluvia
ofrecen su aroma
las hojas secas.

Flor de rocío
un beso de escarcha
¡falso diamante!

¿Traes semillas?
miles de florecitas
¡llevas milagros!

Fugaz atardecer
un bosque milenario
mismas esencias.

Viento furioso
por el campo florido
sin ajar pasas.

Juego del viento
follajes alborotados
¡son mariposas!

Viento, cadencia
la lluvia de pétalos
trae nostalgias.

Canta el viento
las estrellas errantes
besan las nubes.

lunes 7 de marzo de 2011

?

Y,

¿si de repente el alma despertara? / ¿qué diría de este silencio en el exilio?

Callaría: Irremediablemente las palabras se esfuman ante el caos existente de las calles-teclas-notas-murmullos: letras que se e x t i e n d e n

Entonces, mi alma aguarda un poro abierto, un hueco en la creación entera

Y…

Nombrarme

domingo 6 de marzo de 2011

Nacimiento

y es así que el silencio acomete por el resquicio de las ventanas

murmullos se clavan en mi centro

asoma el caos

antesala de preludios-palabras
simiente de mi soliloquio en Do mayor

testigo de mi piel árida / de agua primordial... cuerpo
mi cuerpo, agua primordial
testigo de mi árida piel

lunes 28 de febrero de 2011

Tonterías V (sobre explosiones y auras)

Vengo de aquellos que duelen de tener vida,
de aquellos cuyo descanso es nunca,
donde sus pensamientos sueñan recostados sobre nubes grises.

Señor Yabro: ¡tan rancio que sabe usted!
¡tan insípido!
(...o, ¿su sabor no tiene nombre?)

De la última ficha del dominó en la hilera de la vida
personalmente
me dolió toda la muerte, toda completa
sólo por doler.

Y entonces camino hacia mí
decidido
como un dolor mal vestido
(que gusta de mí, y yo de él)

Mi ego esta tan sólo que ama a la guerra:
invadir reinos que no existen fuera del mío
(expandir fronteras)

Pena peor que deja la hambruna de no encontrar por qué hay dolor.

Tener que pronunciar lo que le pertenece al Otro
otro que se oye solamente como un mito
(imperceptible suspiro de transducción en la tela de signos que teje mi espacio)

Aquello que se llevan y que no está en mi manos
intriga la soltura
como un dolor de espalda a un costado de mi existencia
(por la cosa que no tiene nombre
y que se articula fuera de mí)
me incompleta.