sábado, 31 de mayo de 2008

Pagano

La necesidad de descubrir la imposibilidad de crear el libro total, el libro de ese mundo providencial del cual hablaba Leibniz que se opone al mundo real, radica en que el discurso debe ser pronunciado por alguien. Los caracteres del mundo no son proferidos por nadie. Antes, hablaba Dios, quien al crear el cielo y la tierra dijo «sea la luz». Sólo después de la palabra divina la luz existió; pero la creación se produce por un acto del habla, y sólo al nombrar las cosas, a medida que las va creando el escritor, se les confiere un estatuto ontológico. (Génesis 1: 3-4). Por lo tanto la ecuación Escritor = Dios se afirma; mientras que la otra, Dios = Escritor, se desmorona...

(Y a pesar de todos estos argumentos, no deja de resonar en mis oídos la voz de Vicente Huidobro....)

3 comentarios:

Vidita dijo...

aquel que sea ESCRITOR crea el mundo...ES DIOS, en sí mismo, para si mismo...

esto me gustó un chingo Zuurfer

besos

Gabriela Clayton dijo...

muy bueno, no suelo comentar, pero la analogía es perfecta

Prometeo dijo...

excelente metáfora (pero mas que metáfora casi irradiando en la realidad)muy bueno.